B-WIT el centro cordobés que utiliza la robótica para aprender creando
Los niños crecen, la vida evoluciona y en una sociedad moderna como la nuestra surgen nuevas necesidades, y algunas carencias, que tendrían pronta solución si desde edades tempranas, y con apoyo familiar, se diera a los niños y niñas las herramientas necesarias para poder hacerles frente. Cada vez se escuchan más palabras como gamificación y/o inteligencia emocional y, a su vez, muchos padres y madres empiezan a comprender que al igual que la vida, la educación de sus hijos también debe evolucionar.
En Córdoba se encuentra B-WIT (para las iniciales en inglés The Brilliant World of Imagination and Talent), un centro educativo fundado en 2013 en la capital que engrana talento, ciencia y tecnología con la filosofía scout para fomentar la curiosidad, la inteligencia emocional y las habilidades sociales. Un espacio, en definitiva, donde la creatividad no tiene límites.
Hablamos con su fundadora Laura Aguirre, Licenciada en Dirección y Administración de Empresas y pregraduada en Psicología, especialista en PLN, que nos cuenta que comenzó en el mundo de la empresa trabajando en la asesoría de su familia. Ella, que también es scout, desde muy pequeña siempre se involucró mucho en actividades para ayudar a los demás y, tras una experiencia en la República Centroafricana, decidió dejar su puesto en la asesoría y montar una empresa que se dedicara a desarrollar habilidades en los niños que les preparen para el futuro como la gestión de las emociones, la frustración, hablar en público, el fomento de la creatividad y buscar o crear alternativas, soluciones a los problemas. Así nació B-WIT.
Niños con edades comprendidas entre los 5 y los 16 años, programación y robótica, ¿cuál es el objetivo? “Nosotros elegimos la robótica porque da la posibilidad a los más pequeños de crear lo que no existe y, así, las posibilidades son infinitas”, nos explica Laura. “Ellos y ellas pueden experimentar sin miedo a equivocarse, hacer las cosas jugando con lego les permite ser ellos mismos. Sin un canon o límites, solo su creatividad”. Pero la robótica es un medio, no la finalidad. Aprenden a manejar mecanismos, sensores y a programar, pero la verdadera filosofía de este centro es que el error nos lleva a aprender mejor.
“Nuestros niños no solo aprenden a resolver sus problemas a partir de su propia experiencia activa, sino que se acostumbran a modificar y encontrar mejores soluciones”, decía su fundadora. ¿Y no es esta una buena manera de afrontar todas las situaciones de nuestra vida?
Laura nos cuenta que la sede en Córdoba va a cambiar a un espacio más amplio donde poder impulsar otros proyectos como un estudio de radio, teatro, magia y pintura. “Lo que pretendemos es que B-WIT sea un centro donde experimentar cuando eres niño, ver que se te da bien y lo que no, descubrir nuevos talentos”.
¿Cuántos niños hay matriculados en el centro y cómo se desarrollan las clases? «Actualmente, debido a la pandemia nos encontramos con una reducción casi del 40% del alumnado», lo que se traduce en 45 alumnos. En años anteriores, incluyendo a los niños que participan en la competición First Lego League, contaban con hasta 130.
¿Y cuál es el perfil de niño o niña que acude al centro? “Normalmente vienen porque les gusta mucho el lego, conocen a gente que viene a nuestras clases o porque sus padres quieren que prueben en una actividad de robótica”. Aunque, – nos comenta –, “nos da pena que muy pocas niñas se animen. Si queremos cambiar el futuro y que las mujeres también estén presentes en carreras científicas inculcarlo desde la infancia es muy importante”.
Volviendo al hilo del coronavirus, ¿cómo os ha afectado? “el coronavirus nos ha traído cosas malas, pero también buenas”, confiesa Laura. “Desgraciadamente hemos tenido que reducir plantilla, porque las clases quedaron paralizadas y actualmente solo cuento con Juanjo, el resto del equipo tuvo que irse al ERTE».
Pero también ha tenido cosas buenas. «En nuestras clases — explica — todos los niños están mezclados, niños de altas capacidades, de espectro autista o con déficit de atención, al igual que se relacionarían en la vida real. Pero con el Covid cada uno debía trabajar con su robot, su ordenador y en su mesa. Fue una experiencia muy bonita ver como los mayores cuidaban de los pequeños y como los pequeños se motivaban al ver el trabajo de los mayores».
LA FILOSOFÍA SCOUT COMO ESTILO DE VIDA
B-WIT rebosa filosofía scout y es que en cada actividad intentan conectar con los niños jugando, descubriendo nuevas cosas y reflexionando. Entre las edades, a la hora de trabajar, la única diferencia está en la programación de los robots, pero la manera de trabajar es parecida. Los pequeños se centran más en la construcción y los mayores en la programación. «Lo que les pedimos es que sea innovador, que funcione y que tenga una aplicación para mejorar la vida, la nuestra o la de los demás», nos explica.
En clase, nos informa Laura, cuidamos mucho el lenguaje desde el momento en el que empezamos la case. Uno de sus acuerdos es que el lenguaje sea constructivo. «Todos estamos acostumbrados a hablar con el no, pero les explicamos que el lenguaje puedes construir o destruir, a ti y a los demás, por lo que debemos pensar si lo que estamos diciendo nos ayuda».
Los acuerdos van variando y cada grupo crea los suyos, pero siempre permanece la escucha activa, escuchar con los ojos, oídos y el corazón. Superación, trabajo en equipo o pensar con los dedos, «esto es que cuando no saben que construir lo mejor es dejar que sus dedos empiecen a trabajar y después darle forma a esa idea», cuenta la fundadora del centro.
«Sobre todo, lo que pretendemos es acercar a los niños y niñas, a través del juego y la robótica experiencias que se asemejen a la vida real, que sean conscientes de que no siempre salen bien las cosas, incluso después de esforzarse, que sepan que para que algo funcione se le debe dedicar tiempo y que la recompensa no siempre es inmediata. En B-wit trabajamos para el futuro«.
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