Cinco razones por las que hay menos CEO mujeres, ¿autoexcluidas o excluidas?
Ana Espejo. “Sois vosotras las que decís no porque queréis dedicar más tiempo a ser madres que a crecer en la empresa. Sois vosotras las que os autoexcluís”. Lo he escuchado y, en algún momento muy fugaz, tengo que admitirlo, casi me lo he creído. No es más que otro “ramalazo” de cómo hemos sido criados y criadas, de cómo una sociedad machista y una educación machista te hace pensar y creer que hay que elegir entre tener un puesto de responsabilidad o ser “una buena madre” o que para ser una buena jefa hay que dedicar cada minuto del día a la empresa. Lo mismo para ser esposa, amiga, hermana, hija…
Ya os digo que no, pero indaguemos en estas 5 razones por las que la realidad nos muestra que hay menos mujeres en puestos de responsabilidad.
1. Estereotipos de género
La primera, los estereotipos de género. No son más que ideas, preconcebidas y erróneas. Las asociamos a cuáles son los comportamientos de los hombres y cuáles los de las mujeres y, en consecuencia, cuál es su papel dentro de cualquier relación social, laboral o de cualquier tipo. Hay muchísimos, muchísimos desde qué colores son de “niño” o de “niña”, con qué juguetes se debe de jugar, qué profesiones son de unos o de otras o, incluso, cómo hay que comportarse en cualquier relación social, qué se debe beber o cómo se debe contestar.
Cuando somos pequeñas no somos sexistas, pero si hay datos que muestran que a partir de los 6 años empezamos a sentirnos como mujeres menos capaces de realizar ciertas acciones relacionadas a priori con los hombres y cómo comenzamos a pensar que somos menos inteligentes. Increíble pero cierto. El germen está en la educación, la solución también.
2. «La buena madre»: imposible conciliar
La segunda razón es cómo nos cuentan lo complicado que es combinar la crianza de los hijos e hijas y el trabajo. Aquí aparece la falsa conciliación y la losa de “la buena madre”. La conciliación es esencial. La empresa va haciendo porque exista, en algunos casos de cara a la galería, en otros con acciones reales y responsables. Que la empresa dé el paso es importante pero la conciliación debe de vivirse en casa, desde la educación de la casa. Da igual tener un horario flexible si en la casa no hay una repartición equitativa de las tareas, da igual tener más tiempo para disfrutar de la maternidad o de la paternidad si está no se disfruta de forma conciliadora y respetando los tiempos de cada persona de la pareja.
Sobre “la buena madre” hay mucho que contar. Hoy sólo me parece interesante destacar que no se es mejor madre por dedicar el 100% de tu atención, tu tiempo y tu energía. Tenemos que empezar a creerlo y a obrar en consecuencia.
3. Incapacidad autoimpuesta
Pensamos que no somos lo bastante adecuadas y está es la tercera gran razón. Pensamos que no vamos a ser capaces de tomar ciertas decisiones, de ser buenas lideresas y, como ya hemos visto, esto es producto de esa educación que ya es nuestra temprana infancia nos etiqueta como menos capacitadas. Ambos géneros tenemos exactamente las mismas habilidades y competencias o podemos desarrollarlas para desempeñar cualquier trabajo o emprender cualquier reto con las mismas posibilidades de triunfar. Otras muchas veces, los que dan los ascensos dentro de las empresas son hombres y si nosotras mismas pensamos que no somos lo suficientemente buenas, imagina.
4. La vieja empresa
Una cuarta razón es cómo se estructura el mundo de la empresa o lo que a mí me gusta llamar de la vieja empresa. Una cultura organizacional competitiva, agresiva y enfocada solo al beneficio económico. Cómo me alegra que este modelo tan poco humano y, en el fondo, ineficaz cada día se vaya cayendo a pedacitos. Hoy la empresa está predestinada a la cooperación, a la sinergia, a las personas. Ahí, en un inicio, y en parte también por culpa de la educación estereotipada, la mujer va a tener mucho que decir configurando empresas que miren más por el equipo, den importancia de la motivación a la hora de trabajar y apuesten por el salario emocional como signo distintivo.
5. La mujer como subordinada
La posición histórica de las mujeres como subordinadas es, por supuesto, la quinta razón que explica por qué es más difícil para una mujer asumir y negociar un puesto de poder. La Historia nos ha dado un papel duro. Un guion que hemos seguido por auto imposición durante mucho tiempo y ahora, menos mal, vamos juntas y en compañía creando uno propio a base de quejarnos, de reivindicar y de luchar por nuestros derechos como iguales. No podemos esperar a que por mérito ocupemos un lugar, eso no va a pasar, debemos y tenemos que poner de relieve nuestras virtudes.
Hemos escuchado muchas veces el concepto “techo de cristal”. Este término recoge los motivos que hacen que haya menos mujeres liderando proyectos. Chocamos con una barrera invisible, casi imperceptible y que nos hace sentirnos impedidas, bloqueadas para avanzar en lo profesionales y, además, dando la visión de que somos nosotras las que, por decisión propia, por “elegir” otras facetas o rolles en nuestra vida nos autoexcluimos de esa escalada profesional.
Ahora, dos consejos que me doy a mí y que quiero compartir.
Hay que decir más si y no pensar que no estamos preparadas. Ser valientes. Importante que vosotros nos ayudéis a decir si, a apoyarnos y decirnos que seremos capaces de afrontar cualquier reto.
Si es que no, que sea porque no te convence, no lo quieres o no es el momento pero que no sea por ninguna de las cinco razones anteriores.
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