Edificio maldito en la Axarquía

El investigador y escritor José Manuel Frías recoge los extraños sucesos que acontecen en la biblioteca municipal, una emisora de radio y una vivienda del malagueño pueblo de Benamocarra.

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Edificio maldito en la Axarquía
Instalaciones de Onda Líder Radio.

José Manuel Frías. 2:36 A.M. A esa hora de la noche prevalecía el silencio en la calle Doctor Gómez Clavero, en el malagueño y axárquico pueblo de Benamocarra. En el número 18, los estudios de Onda Líder Radio permanecían a media luz, solo ocupados por Concha Álvarez, codirectora junto a su marido de la emisora radiofónica. Un trabajo imprevisto obligó a la mujer a “inflingir” el horario establecido, y pasar un tiempo extra frente al ordenador de la sala de producción.

La pequeña habitación albergaba poco mobiliario; solo una mesa con su respectiva silla, y la computadora en la que Concha tecleaba de manera continua pero relajada una serie de datos, que serían usados al día siguiente en la programación matinal que su marido, Ángel Gómez, dirigía y presentaba desde la sala de control.

Habían pasado algunos minutos desde su llegada cuando la mujer comenzó a sentir una presencia que la observaba, sensación idéntica a la percibida por diversos compañeros en aquellas mismas instalaciones durante distintos momentos del día, desde hacía al menos dos años. Con la pretensión de no dejarse llevar por el pánico, a fin de que el propio miedo no le jugara una mala pasada, Concha continuó su trabajo de redacción intentando no pensar en lo que le rodeaba.

De manera absolutamente involuntaria, observó de reojo cómo una persona se acercó completamente a ella y comenzó a inclinarse sobre su hombro. En lugar de sentir miedo, sonrió, pensando que se trataba de su marido, que tal vez habría entrado en la instalación sin hacer ruido.

Esa idea duró tan solo milésimas de segundos, el tiempo justo de ver cómo aquella presencia se inclinaba aun más, rozando su cuerpo, y una mano se acercó a la suya, que descansaba sobre las teclas del ordenador, como intentando sujetarla. Al observar aquella extremidad se puso en estado de alerta, ya que la mano era de alguien de avanzada edad, surcada de arrugas y llena de manchas. Unos dedos cadavéricos que a punto estuvieron de alcanzarla, de no ser por el impulso inconsciente de Concha por ponerse en pie de un salto.

Fue también un tiempo infinitesimal el que duró la extraña visión con la que se enfrentaba. Una mujer anciana con el pelo rizado de color castaño claro, de apreciable estatura. El grito de Concha fue desgarrador, simultáneo a la súbita invisibilidad que tomó aquella desconcertante anciana, que desapareció de su vista como si nunca hubiera estado allí.

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Cuando Ángel escuchó desde la calle el alarido, abrió la puerta del edificio y subió a gran velocidad. Su primer pensamiento se centró en alguna clase de accidente en el que se habría visto envuelta su esposa. La encontró de pie, temblando, con la mirada perdida, desencajada, sin reaccionar ante sus palabras. Concha parecía inerte, y su marido tuvo que agitarla numerosas veces antes de que volviera a la realidad. Había vivido, posiblemente, la experiencia más aterradora de su vida.

Un inmueble encantado

Una funesta y cruda historia parece haberse adueñado de aquel edificio, un conjunto que reúne entre sus muros a la biblioteca municipal, la emisora de radio local “Onda Líder” y una vivienda particular. En teoría, uno más entre los bloques “céntricos” del pequeño pueblo de Benamocarra, que abarca las paralelas calles Doctor Gómez Clavero y Federico García Lorca.

Desde hace casi de dos décadas, numerosos vecinos de la localidad afirman haber vivido extrañas experiencias paranormales en el enclave, sintiéndose visitados por seres de “otra dimensión” que usan como lugar de ocio aquella unión de viviendas. Las extraordinarias manifestaciones continúan produciéndose a día de hoy, dejando perpleja a la población.

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José Manuel Frías visitando las instalaciones de la emisora local.

Onda Líder es el principal foco de sucesos anómalos. Así lo declaró sin tapujos Ángel Gómez en mi visita al inmueble.

Por desgracia, los fenómenos que aquí se originan nos impiden contar con una plantilla fija, ya que los locutores terminan dimitiendo por miedo –nos narra Ángel-; incluso algunos invitados que acuden para ser entrevistados, afirman sentirse incómodos, y más de uno se ha marchado antes de subir la escalera al sentir un repentino pánico.

Y no es para menos, ya que los ruidos y pasos, así como extrañas sombras y sensación de presencias son continuos en la emisora de radio, tanto de día como de noche. Dicen los testigos que, sobre todo en el pasillo de la primera planta, se aprecia a veces el caminar de figuras errantes, que aparecen y desaparecen de manera espontánea. También se deja oír en ocasiones el sonido del timbre de un “despertador fantasma”, que nadie ha podido aun localizar.

Una noche estaba mi marido retransmitiendo en directo desde un pueblo cercano –cuenta Concha Álvarez a MAS ALLA-, así que yo estuve a los mandos técnicos de la emisora, acompañada de mi sobrina. De pronto, ambas notamos a la vez un susurro en nuestras orejas. El grito que dimos, al estar el previo abierto, fue oído por Ángel, que regreso antes de tiempo y bastante preocupado.

Los extraños desajustes técnicos son otro de los siniestros capítulos allí manifestados. Son muchos los vecinos que se han quejado antes Ángel y Concha ya que, según cuenta, en plena madrugada el sonido de la música es demasiado alto, lo que les impide dormir. Los dueños de la emisora no entienden lo que puede suceder, ya que antes de marcharse dejan la emisión con el potenciómetro en el volumen adecuado. Pero es más, el sonido ambiente es eliminado por completo, ya que sería absurdo lo contrario al no haber nadie en el estudio. ¿Quién da volumen a los altavoces en plena madrugada?

En otra ocasión, una pieza estropeada en las instalaciones requirió la presencia de un técnico, que tras hacer un estudio inicial, necesitó desmontar parte del equipo electrónico, para lo cual fue necesario detener la emisión por unas horas. Pocos minutos después, Concha se acercó a Ángel, manifestándole lo sorprendida que estaba de la rapidez del arreglo. Cuando su marido le dijo que aun no se había reparado el problema, ella lo miró asombrada y se lo llevó a la habitación contigua. Allí, un receptor de F.M. parecía recibir la señal “inexistente” de Onda Líder. Avisado el técnico para que contemplara aquello, no supo dar razón a lo sucedido, ya que todos los equipos estaban apagados. Pero por aquel receptor seguían sonando las cuñas y músicas de la radio local, en aquella especie de “emisión fantasma”.

Recuerdo una tarde en la que estábamos realizando un programa en directo. Yo llevaba el control de la mesa, y Concha y otra chica se turnaban al otro lado de la pecera en la lectura y comentarios de unas noticias de actualidad -explica Ángel-. De repente, la única de las tres sillas del estudio que estaba desocupada, comenzó un lento y sonoro recorrido desde su ubicación hasta la pared, a lo largo de dos metros, sin que nadie la tocara. Después de eso tuvimos que meter música para calmar los nervios.

Aterrado vecino del edificio

Cuando localicé a Antonio Ruiz, casi noté una sensación de alivio en su rostro, como si deseara compartir con alguien sus experiencias. Este hombre habita en el número veinte de la calle Doctor Gómez Clavero, entre la emisora de radio y la biblioteca, siendo testigo de increíbles sucesos entre ambos locales.

Además de percibir extraños movimientos en ambos locales contiguos, durante las horas nocturnas ha experimentado cosas ciertamente incómodas en su propia casa. Decenas de veces ha sentido durante la noche, estando en la cama y a punto de dormir, la presencia de alguien que le tocaba, e incluso le han tirado de la manta fuertemente, haciéndola caer al suelo.

Los objetos cambian de lugar de manera frecuente en mi hogar sin que nadie los mueva –nos manifiesta Antonio-, y eso que soy el único habitante de esta pequeña casa.

Algunas noches, refugiado en la oscuridad de su habitación, ha podido visualizar lo que identifica como el cuerpo y rostro de una mujer de avanzada edad. Curiosamente, la imagen desaparece de repente, para continuar sonando sus pasos en la emisora de radio, como si de alguna manera hubiera traspasado la pared que une ambos inmuebles. Los pasos eran, a opinión de Antonio, propios de persona mayor, con andar pausado, largo, cansado y dejándose percibir un característico arrastrar de pies.

En ocasiones ha podido oír de madrugada, tanto en mi casa como en Onda Líder, el constante deambular de una oxidada, dado su sonido chirriante, silla de ruedas –afirma el señor Ruiz con evidente temor-. Aun no he podido esclarecer a quién pertenece o perteneció ese pequeño vehículo.

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Interior de Onda Líder Radio.

Fenómenos extraños en la Biblioteca Municipal

La biblioteca municipal es quizá el más visitado de los tres inmuebles, y por lo tanto, lugar de encuentro de numerosos testigos. En el número 39 de la calle Federico García Lorca, y teniendo dos plantas, posee diversas aplicaciones que van más allá de la simple consulta de libros. Me refiero, por ejemplo, a los grupos monitorizados de turismo rural, que reúnen a numerosas personas de diversas edades para que amplíen sus conocimientos sobre la comarca a la que pertenecen.

Dos de los más veteranos monitores, José Antonio Téllez y José Vigo, han podido percibir durante numerosas ocasiones, y acompañados por un grupo de al menos 15 alumnos, pasos en habitaciones vacías, así como fuertes golpes y arrastrar de muebles. Todos estos sucesos se han manifestado a plena luz del día, o a lo sumo, en la relativa oscuridad de una tarde de invierno.

Pero aun más aterradora es la fugaz visión de una sombra de mínima estatura y rasgos infantiles, que parece corretear por ambas plantas en función al lugar donde se encuentren los alumnos. Todos parecen coincidir en que esa figura pertenece a un niño de corta edad.

Todo esto nos hace recordar un terrible suceso que ocurrió a principio de los años sesenta, cuando este edificio era un cuartel de la Guardia Civil –manifiesta a MAS ALLA el monitor Téllez-. Un guardia civil olvidó sobre su mesa su revolver cargado. Por desgracia, si hijo de seis años y un amigo de similar edad comenzaron a jugar con él a historias de bandoleros. Quiso el fatídico destino que el único disparo del niño fuera a impactar contra la cabeza de su amigo, que murió sin darse cuenta de lo que había sucedido.

Aunque parece clara la relación entre aquella muerte accidental de un niño, y las carreras desenfrenadas de una sombra infantil por las estancias de la biblioteca, nadie ha sabido explicar hasta el momento la razón de que este fenómeno de fantasmogénesis se haya comenzado a manifestar desde hace un par de décadas, cuando aquella muerte se produjo hace más de cuarenta años. ¿Hubo algún acontecimiento no conocido a nivel popular que diera lugar al “estallido” de estas apariciones espectrales y de los demás fenómenos extraños del edificio entero?

Espiritismo y Oui-Ja: cóctel maldito

Un matrimonio mayor con sus tres hijas habitaba hace veinte años en el número 18 de la calle Doctor Gómez Clavero. Tras la muerte del marido, con avanzada edad, dos de las hijas se independizaron, quedando la tercera de ellas, Carmelina, al cuidado de su anciana madre, la cual recaía continuamente en diferentes problemas de salud.

Los años pasaron y la mujer enfermó aun más. Su hija pequeña continuaba a su lado en todo momento, acto no imitado por sus hermanas. Dadas estas circunstancias, la anciana decidió dejar en herencia a Carmelina aquella casa de tres plantas, fruto de una dura labor de ahorro y trabajo por parte del matrimonio.

Así sucedió tras el fallecimiento de la enferma mujer, lo que causó la indignación de sus otras dos hijas, que no veían justo que toda la vivienda perteneciera únicamente a la más pequeña de ellas. Las discusiones se mantuvieron durante cierto tiempo, aunque legalmente las cosas estaban bastante claras en base a la herencia oficial. Aun así, y debido al enrarecido ambiente de peleas y enfrentamientos con sus hermanas, Carmelina no quiso habitar más en el inmueble, cambiando de domicilio y alquilando las estancias a la actual emisora de radio Onda Líder.

Cuentan los vecinos de la zona que ambas hermanas realizaron diversas sesiones espiritistas en aquella vivienda durante sus últimas oportunidades de estancia en ella. El objetivo: intentar despertar en el lugar una energía maligna y desconocida que hiciera la vida imposible a posteriores inquilinos, ya fuera la propia Carmelina, o a futuros arrendatarios de la casa. Habitantes de calles cercanas recuerdan los comentarios de las dos chicas, que a veces dejaban escapar parte de sus esotéricas prácticas, y que aseguraban haber abierto una puerta de energía negativa que incluso a ellas les aterraba.

Con estos datos de última hora en mis manos, la historia cobraba un sentido muy concreto. Las piezas del puzzle parecían unirse. Parece ser cierto que aquellas invocaciones espiritistas lograron abrir una ventana a lo desconocido; algo que sirvió para resucitar viejas tragedias y muertes en todo el edificio.

Las visiones de la figura infantil en la biblioteca parecen mostrar a la entidad que un día fue el niño muerto de un disparo en el antiguo cuartel. El sonido de la silla de ruedas nos recuerda al modo de desplazamiento del antiguo dueño del inmueble donde hoy día está enclavada la radio, y padre de aquellas tres niñas, ya que en sus últimos años estuvo postrado en una de ellas, silla que, por cierto, aun se conserva en uno de los cuartos-trasteros de la emisora. ¿Algo la hace desplazarse en mitad de la noche sin mediación de mano humana?

Pero más sorprendente aun es el caso de su esposa, aquella anciana fallecida en la misma vivienda. Tanto Concha como Antonio, el vecino, tras haber contemplado en el transcurso de esta investigación algunas fotos de dicha mujer, aseguran que es idéntica a los rostros surgidos de la nada en la emisora de radio o en la vivienda adyacente.

Sean las entidades de aquellas personas fallecidas, o solamente un recuerdo energético del pasado, esta aventura nos demuestra algo: los métodos de contacto con ese presunto “más allá” no son un juego, y en ocasiones pueden ocasionar incómodas situaciones que se nos escapan de las manos.

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